Ruido

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Estos días, EEUU y el mundo entero están siendo testigos de uno de los asedios políticos más épicos que ha presenciado nuestra generación. O eso parece desde fuera. La campaña de Hillary Clinton, la Casa Blanca y unos medios de comunicación totalmente entregados a ambos han aprovechado unos comentarios de muy mal gusto de Donald Trump para lanzar un ataque por tierra, mar y aire e intentar acabar de una vez por todas con su figura.

El resumen es el siguiente. Hace 10 años, cuando apoyaba al Partido Demócrata, Trump fue grabado de forma clandestina presumiendo de poder tirarse a prácticamente cualquier mujer que se le pusiera por delante. Aunque en la misma grabación reconoce de forma implícita que no hacía nada con ellas si no había consentimiento («I moved on her, and I failed. I’ll admit it. I moved on her like a bitch, but I couldn’t get there») y que cuando hacía algo era sólo porque ellas se dejaban hacer («they let you do it»), lo cierto es que el sector de la opinión pública que no quiere ver a Trump en la Casa Blanca ha vendido esto como si Trump fuera un violador.

Por si fuera poco, a raíz de este episodio varias mujeres han salido a la palestra alegando, a tres semanas de las elecciones y todas a la vez, haber sufrido todo tipo de abusos y vejaciones por parte de Trump hace años. El New York Times, antaño cabecera de prestigio, hoy altavoz indisimulado del Partido Demócrata, y el resto de publicaciones y medios audiovisuales alineados con la plantación Clinton, no han dudado ni un segundo en dar voz a todos esos testimonios sin siquiera buscar pruebas o testigos que los sustenten mínimamente. Todo muy chusco, muy descarado, muy coordinado con la campaña de Hillary y muy todo, pero cuando es el futuro del mundo lo que está en juego, uno no puede perder el tiempo fingiendo ser el paradigma de la sofisticación y la ética periodística.

Que los medios de comunicación han dejado al margen la neutralidad que reclama la profesión para impedir que Trump se acerque a la Casa Blanca es algo que no sólo no se molestan en negar, sino que reconocen sin que nadie se lo pregunte. Pero esta vez los ataques son tan bestias (¡se le acusa nada menos que de ser un violador en serie!) y están tan bien coordinados que otro en la situación de Trump seguramente habría tirado la toalla, huido con lo puesto y permanecido oculto en las sombras el resto de sus días.

Por suerte para los que sí queremos ver a Trump en la Casa Blanca, él no es un político cualquiera. Ni siquiera es un político. Y aún mejor, los medios de comunicación siguen sin entender lo que está pasando. En efecto, con el material que hay encima de la mesa, en un mundo en el que Cincuencua Sombras de Grey es récord de ventas en las estanterías femeninas de todas las librerías, realmente nadie, ni el mayor enemigo de Trump, ni la persona que vomita viéndolo en la tele, se cree realmente que haya abusado sexualmente o violado a ninguna mujer. Todo el mundo sabe que todo esto forma parte de la contienda política. Nada más. Lo que pasa es que el papel de abusador sexual encaja tan bien con la narrativa mediática del momento (Trump es un misógino, ligar equivale a acosar, lanzarse equivale a violar, etc.) y se ha producido en un momento tan bueno, a tres semanas de las elecciones presidenciales, que para la prensa era un caramelo imposible de rechazar.

Por supuesto, nada de esto va a definir quién gana y quién pierde. Las elecciones están prácticamente decididas desde el día en que Trump anunció su candidatura. Lo que se decide a partir de ahora es sólo la magnitud de su victoria.

Para empezar, fuera de la burbuja política y mediática, nadie que no sufra alucionaciones considera que esa conversación de Trump con un amigo sea un indicador de que es un abusador sexual. Lo que dice en esa grabación es chabacano, asqueroso, hortera y seguramente perjudica su marca entre el electorado más puritano, pero no tiene nada que ver con lo que la gente entiende por una agresión sexual. En su fuero interno, las personas normales, es decir, todo el mundo, sabe perfectamente a qué tipo de mujeres se refiere Trump en esa grabación, sabe que esas mujeres existen y sabe que la gente rica y famosa tiene acceso ilimitado a ellas.

En su ceguera crónica sobre lo que está ocurriendo en el mundo, los medios de comunicación han vuelto a creer que bastaba con volver a acusar a Trump de algo muy, muy grave y volver a poner cara de mucha, mucha indignación para que, esta vez sí que sí, tirara la toalla. Y así, de la manera más tonta posible, han convertido algo que tenía poca defensa y ante lo que por primera vez había tenido que agachar la cabeza en el enésimo rasgado de vestiduras mediático innecesario.

Intentando exponer a Trump, los medios se han vuelto a exponer a sí mismos, y lo único que han conseguido con eso es darle más puntos, pues a estas alturas de la campaña estos ataques han tomado un cariz tan cómico que apenas tienen ya ninguna credibilidad. Al estilo de lo que ocurre en España cuando Inda ataca a Podemos o La Sexta dedica un especial 24 horas contra el PP, pero mucho peor.

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2 comentarios en “Ruido

  1. Pero, porque te gusta Trump? Por cómo habla de los inmigrantes? Porque le encanta Putin? Porque con el seguro que USA se meterá en un par de guerras?

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