Debate final

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Sobre la superficie, Hillary ganó el debate. Apareció más estudiada, más sonriente y más presidencial que su contrincante. Pero estas no son unas elecciones normales, y como ha quedado claro después de un año y medio de campaña, aquí las reglas de siempre no valen.

Lo primero que hay que señalar es que, desde el primer cara a cara el mes pasado, Trump ha mejorado bastante. Ayer no dio ningún golpe sumamente efectivo contra Hillary ni se ganó la simpatía del público como sí hizo en el segundo debate, pero tampoco se pasó la noche a la defensiva ni interrumpiendo y supo exponer bien sus líneas. Además, teniendo en cuenta que llegaba ‘muerto’ a la cita (tras dos semanas de la peor campaña de ataques personales que ha recibido nunca un candidato presidencial) estuvo muy por encima de lo que habría cabido esperar.

Como dije en este post, ver mejorar a un candidato a presidente siempre es bueno para él. Al fin y al cabo, los seres humanos vemos la vida como si se tratara de una película, y en las películas nos gusta ver evolucionar a los personajes. Además, en el caso de Donald Trump este factor es especialmente importante, ya que su mayor ventaja, el ser un candidato nada convencional, es también uno de sus mayores handicaps a la hora de convencer a los indecisos. Por tanto, que el votante vea que a pesar de todo es capaz de aprender y adaptarse a voluntad a las convenciones sociales es algo muy positivo para él.

Pero vamos al punto caliente de la noche, el que ha acaparado todos los titulares de la prensa: la negativa del republicano a aclarar si aceptará los resultados de las elecciones. «Ya veré, voy a dejarlo en suspenso», dijo. Desde el punto de vista de la razón y la lógica, esto sería un suicidio político para cualquier candidato convencional. Y de hecho, si Obama o Clinton dijeran abiertamente y con esas palabras que puede que no acepten los resultados electorales, el moderador se habría quedado desencajado, al igual que el resto del mundo.

Pero volvemos a lo de siempre, ni Donald Trump es un candidato convencional ni es famoso por ganarse a los votantes utilizando las normas clásicas de la política, así que dudo que nadie que haya prestado un mínimo de atención a esta campaña vaya a decidir su voto en función de esa declaración u otra parecida. En el fondo, es una trumpada más. ¿Qué ocurre? Que Trump sabe perfectamente que cualquier frase suya polémica va a ocupar horas y horas de debate en la televisión e internet. Y mientras los medios se centran en hablar de su enésima declaración polémica, comparándole con un dictador y llamándole todas esas cosas que al espectador ya le entran por un oído y le salen por el otro, a la vez están dando por hecho la parte de su discurso que le llevó a poner en duda los resultados: que el sistema está corrupto y no es de fiar.

¿Beneficia a Trump que a menos de tres semanas de las elecciones todos los medios dediquen horas a debatir e incluso a dar por hecho que el sistema político de EEUU está podrido? Teniendo en cuenta que estas elecciones son un referéndum entre Donald Trump y el sistema, creo que sobra la respuesta.

Hablemos ahora de Hillary Clinton. En mi opinión, y como resalté ayer en Twitter, la candidata demócrata tuvo su mejor momento cuando apeló al voto femenino. Sinceramente creo que ahí lo bordó y le hizo pupa a Trump. Ver a la primera candidata presidencial de la historia hablando así de mujer a mujer fue bastante emotivo e impactante. Y por lo que dijo y por cómo lo dijo (en resumen, que ya está bien de que las mujeres tengan que aguantar las actitudes machistas que encarna su rival), creo que logró conectar emocionalmente con un buen número de mujeres y con muchos hombres que en ese momento pensaron en sus madres, hermanas, hijas y demás. Fue un momento realmente brillante.

Entre sus fallos, la vi más a la defensiva que a Trump y abusando demasiado de sonrisa ensayada, la cual se puede distinguir fácilmente porque abre mucho los ojos, y el ser humano, cuando sonríe, los cierra. Además, y aunque sonreír en un debate está muy bien, sobre todo si tienes fama de ser una persona fría, ayer se pasó de rosca haciéndolo cada vez que Trump abría la boca. Parecía como si no se estuviese tomando en serio a su rival (incluso cuando éste hablaba de temas serios como las ejecuciones de gays en varios países árabes), y esto en el fondo sólo ayudó a reforzar esa imagen de soberbia con la que el votante identifica a las élites.

En resumen, y esto ha sido una constante en los tres debates, ayer vimos a Donald Trump dirigirse directamente a los americanos mientras Hillary Clinton lo hacía a los medios de comunicación. A él se le entiende perfectamente cuando habla. Con ella muchas veces pierdes el hilo, se enreda demasiado en el discurso políticamente correcto. De él se sabe cuáles son sus propuestas para cambiar EEUU, de ella lo único que sabemos es que es el antídoto contra Trump. Ambos usan el miedo a un escenario oscuro como herramienta electoral, tal vez ella mejor que él, pero sólo él ofrece una alternativa positiva a ese apocalipsis imaginario. La de ella es conformarse con más de lo mismo. Esta última fórmula falló en Brexit.

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Un comentario en “Debate final

  1. Se me ha ido el comentario… Decía que yo, pese a no haber seguido las elecciones por falta de tiempo, sabía también que Trump ganaría. Esta mañana, cuando me lo comunicó mi compañera de piso en estado de shock, no me sorprendió lo más mínimo. No escribo de ello, como tú, porque mi blog va sobre la belleza de lo humano. Abordamos distintos asuntos, por tanto.

    Me ha encantado tu post, por cierto.

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