Making America Great Again

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Para entender a Trump basta con hacer dos cosas: leer sus libros y saber que siempre sigue el mismo patrón. Si la prensa hubiera tenido en cuenta estas dos cosas tan simples desde el principio, todo el mundo se habría ahorrado muchos disgustos.

El presidente electo no ha esperado a llegar a la Casa Blanca para ponerse manos a la obra. Hoy ha anunciado en Twitter que todas las empresas que cierren sus plantas en EEUU para irse a otro país pagarán una tasa del 35% si quieren vender sus productos de vuelta. Inmediatamente, la prensa ha vuelto a anunciar las 7 plagas tildando esta medida de autárquica, proteccionista y dañina, sin darse cuenta, una vez más, de que con esto Trump sólo ha establecido las bases de su próxima negociación con el Congreso.

En realidad, esa tasa del 35% nunca verá la luz. ¿Por qué? Básicamente, porque a Trump no le interesa implantarla. Su objetivo para EEUU no es meterse en guerras comerciales que amenacen la economía, pelearse con las grandes empresas o ser el más chulo. Su objetivo es simplemente bajar los impuestos y quitar regulaciones. O mejor dicho, crear empleo y mantener el que hay.

En este sentido, la amenaza de poner un impuesto del 35% a los productos americanos fabricados en otro país es sólo su oferta inicial. Y en realidad, ni siquiera va dirigida a las empresas que estén pensando en marcharse, sino al Congreso, y en concreto, a los republicanos y demócratas más moderados: «Si no apoyáis mi bajada radical de impuestos, buscaré el apoyo de la izquierda y la alt-right para implantar una tasa proteccionista», les está diciciendo.

Como siempre, Trump utiliza la persuasión para conseguir lo que quiere. A estas alturas, todo el mundo, incluso sus peores adversarios, han interiorizado que de una forma u otra siempre se acaba saliendo con la suya. Y que si quiere implantar esa tasa, encontrará la forma de implantarla. Cediendo en el tema de los impuestos y las regulaciones, los republicanos y demócratas más moderados podrán vender que han librado al país de la autarquía, las empresas tendrán más incentivos para quedarse y todo el mundo estará contento. El primero Trump, que habrá logrado el objetivo que se había fijado desde el principio haciendo creer que ha cedido en algo.

Si aplicáis esta misma lógica a todas las medidas ‘extremistas’ que anuncie Trump a partir de ahora, es decir, pensando en cuál es su objetivo real y cómo ese anuncio le puede servir para llegar a él haciendo que parezca que todos ganan, veréis que escenarios de auténtico pánico se convierten en algo mucho más realista y sensato, ya sea en temas de economía, seguridad o política exterior. Y si ahora os parece entretenido, esperad a ver cómo destruye al ISIS aplicando estos mismos principios. Nos esperan 8 años muy, muy interesantes.

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