Trump, las prostitutas y la despedida de Obama

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No voy a entrar en el contenido de lo que pasó ayer con Trump, la CNN, BuzzFeed, el hotel ruso y las prostitutas de la lluvia dorada. No hace falta. Todo el mundo, absolutamente todo el mundo, ha podido ver con sus propios ojos cómo, una vez más, el nivel de la prensa occidental ha quedado a la altura del de cualquier dictadura de cualquier latitud del mundo, incluso bastante por debajo. Este blog no va de eso, para dar mi opinión tengo mi cuenta de Twitter y mi nuevo canal de Youtube.

Este blog va de explicar cosas, y en esta entrada os quiero explicar por qué ha pasado lo que ha pasado y por qué Trump le ha intentado dar la vuelta sin éxito, al menos de momento.

Ayer era el día en el que Barack Obama daba su discurso de despedida. Un par de horas antes, la CNN se hacía eco de un informe fantasma de los servicios de inteligencia de EEUU según el cual Rusia estaría chantajeando a Trump bajo amenaza de revelar información muy comprometedora de él. La noticia corrió como la pólvora por todos los medios de comunicación y al rato, la expresión #GoldenShowers era trending topic en las redes sociales. La locura se instaló en Twitter y, una vez más, pudimos ver a un montón de periodistas y politólogos anunciando el final de Trump.

Pero justo cuando la olla estaba a punto de explotar, aparece un Barack Obama calmado, presidencial y emotivo reivindicando su legado delante de todo el mundo. Y he aquí la única razón de toda esta historia: Obama, que no tiene nada que envidiarle a Trump en cuanto a dotes persuasivas, pudo presentarse una vez más como el salvador de la nación, el mesías del Yes we can y el hombre sin el que EEUU se sumirá irremediablemente en las tinieblas. «Ahí tenéis a ese loco problemático, miradlo, ya está otra vez metido en un lío. Y aquí me tenéis a mí, con mi familia y mis amigos. Esta es mi América. Esto es lo que os perdéis. Ahí os quedáis».

No me digáis que no es maravilloso. Hoy Trump ha pataleado y ha hecho frente a una caótica rueda de prensa en la que casi todas las preguntas han versado sobre Rusia y en la que no ha faltado el clásico enfrentamiento con un periodista hostil. Mientras el mundo se imaginaba la cama sagrada del matrimonio Obama siendo mancillada en un ritual diabólico, el aún presidente seguía disfrutando de los aplausos y el lagrimeo a su discurso de ayer. Y aunque para ello le haya hecho falta tensar al máximo las relaciones con Rusia y poner al borde del abismo a la propia democracia americana, este round claramente lo ha ganado él. Aquí cada cual juega con sus cartas.

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